El pasado sábado 11 de julio, el Movimiento Misionero Mundial en Italia celebró el Bautismo Nacional, una de las actividades más significativas para la vida de la iglesia. En este marco, el Presbiterio 3 participó con alegría al ver que siete hermanos descendieron a las aguas bautismales, culminando así un proceso de preparación espiritual y afirmando públicamente su fe en Jesucristo.
La ceremonia estuvo marcada por un ambiente de gratitud, reverencia y comunión cristiana. Pastores, familiares y hermanos en la fe acompañaron a los nuevos creyentes en este momento trascendental, celebrando la obra que Dios continúa realizando en las vidas de quienes responden al llamado del Evangelio.
El bautismo: una ordenanza establecida por Cristo
El bautismo en agua constituye una de las ordenanzas establecidas por Jesucristo para todos aquellos que han creído en Él. Antes de ascender al cielo, el Señor encomendó a sus discípulos: «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mateo 28:19, RVR1960).

De acuerdo con las Escrituras, el bautismo no representa el inicio de la salvación, sino la respuesta obediente de quien ya ha experimentado el nuevo nacimiento por medio de la fe en Cristo. Es un acto de obediencia al mandato del Señor y una declaración pública de que la persona ha decidido vivir conforme a Su voluntad.
Desde los primeros años de la Iglesia, los creyentes que recibían el mensaje del Evangelio eran bautizados como evidencia de su compromiso con Cristo. Esta práctica continúa siendo una expresión visible de una realidad espiritual que transforma el corazón y la conducta del creyente.
Un símbolo de una vida transformada
La Biblia enseña que el bautismo simboliza la identificación del creyente con la muerte, la sepultura y la resurrección de Jesucristo. El apóstol Pablo escribe en Romanos 6:4: «Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo… así también nosotros andemos en vida nueva».

Al descender a las aguas, los siete hermanos del Presbiterio 3 representaron el abandono de la vieja manera de vivir; al salir de ellas, proclamaron el inicio de una nueva vida guiada por Cristo. Este acto no solo expresa una decisión personal, sino también el compromiso de perseverar en la fe, crecer espiritualmente y servir al Señor con fidelidad.
Cada bautismo constituye un poderoso testimonio de que el Evangelio sigue transformando vidas y que Dios continúa añadiendo creyentes a Su Iglesia en diferentes lugares del mundo.
Una victoria espiritual para el Presbiterio 3
La participación del Presbiterio 3 en esta jornada fue motivo de profundo gozo para toda la congregación. El bautismo de estos siete hermanos representa una nueva victoria espiritual y el fruto del trabajo evangelístico y pastoral que la obra del Señor desarrolla en Italia.

La iglesia elevó oraciones para que cada uno de ellos permanezca firme en las promesas de Dios, creciendo en la gracia y en el conocimiento de Jesucristo. Asimismo, renovó su compromiso de continuar anunciando el mensaje de salvación, haciendo discípulos y guiando a nuevos creyentes hasta que, siguiendo el ejemplo de la Iglesia primitiva, también den este importante paso de obediencia.
Con esta celebración, el Movimiento Misionero Mundial en Italia reafirma su compromiso con la proclamación del Evangelio y con la formación de discípulos que vivan una fe genuina, perseverante y fundamentada en la Palabra de Dios.
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