Las siete columnas de la victoria: el diseño divino frente a la crisis familiar

El Rev. Carlos Medina establece los fundamentos espirituales para blindar el hogar ante las corrientes ideológicas y el materialismo de la sociedad actual.

En el cuarto servicio del XII Congreso Centroamericano y del Caribe en Panamá, el Rev. Carlos Medina, Oficial Internacional de la obra del MMM, impartió un mensaje que definió la esencia de nuestra identidad como pueblo de Dios: la pertenencia a una familia que no se rige por leyes humanas, sino por la gracia divina. Bajo el tema “Siete columnas de la familia victoriosa” y con base en el libro de Éxodo, el mensaje se centró en la figura bíblica de Jetro como el arquitecto de la unidad en el hogar de Moisés, estableciendo que las victorias y los éxitos del ministerio o de cualquier padre de familia nunca estarán completos si el núcleo familiar se encuentra en derrota. El Rev. Medina desglosó con rigor espiritual los peligros del materialismo y los pecados ocultos, señalando al adulterio no solo como una transgresión moral, sino como un anatema que carcome la salvación y el bienestar integral de la descendencia.

El desarrollo del mensaje de Dios resaltó la defensa innegociable de la niñez frente a las corrientes del mundo, condenando el aborto como un crimen cruel y promoviendo el amor paternal como el antídoto divino contra la desintegración de la sociedad. El Rev. Carlos Medina, aportando su perspectiva profesional en el área de la salud, enfatizó que un hogar saturado de la fragancia de la presencia de Dios es el entorno necesario para el desarrollo de un carácter maduro y equilibrado. Las siete columnas propuestas —comunión con Dios, temor reverente, conocimiento de la Palabra, amor, buena comunicación, perdón y tiempo de calidad— constituyen el manual de resistencia del hogar cristiano en el siglo XXI. Se hizo un llamado a derrotar las discusiones y la amargura, recordando que la mujer es un vaso frágil que merece respeto, amor y, sobre todo, lealtad incondicional.

Concluyó enfatizando que la unidad no se define por la ausencia de conflictos, sino por la decisión inquebrantable de permanecer juntos bajo la bandera de Cristo. Al cierre de la predicación, el solemne llamado al altar permitió que matrimonios e hijos se unieran en una oración de restauración, reconociendo que no importa cuán agredida sea la viña familiar por el enemigo, mientras esté viva hay esperanza de sanidad. El Movimiento Misionero Mundial reafirma que la familia es un tesoro de incalculable valor y la base sobre la cual se edifica el futuro de la evangelización mundial, dejando sentado que hoy es el tiempo de levantar murallas de oración para proteger el legado de las futuras generaciones.

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